Terapia Geotermal

Un masaje realizado con piedras frías y calientes, aceites esenciales, color y música con la aplicación de aceites esenciales, color y música terapéuticos.

El calor de las piedras va relajando la musculatura permitiendo entrar en los puntos de máxima tensión, el contraste posterior con las piedras frías activa la circulación descargando la zona.

La agradable sensación del calor que va entrando lentamente en todo el cuerpo lleva a un estado de relajación y sensación de arropamiento. Junto a la acción de los olores de los aceites esenciales y la música se logra "detener" la mente pudiendo llegar a un estado muy parecido a la vigilia.

Al terminar la sesión se tiene la sensación de haber descansado profundamente
.

La terapia geotermal es un buen tratamiento para calmar el estrés, la hiperactividad del sistema nervioso, dando una pausa, permitiendo el reencuentro con el cuerpo y los sentidos.

"El calor de las piedras permite trabajar a nivel más interno conectando con el subconsciente permitiendo la reconciliación con el cuerpo y los sentidos. Las piedras por otro lado facilitan la conexión con la tierra y el enraizamiento"

Heredada de los nativos australianos y norteamericanos, que utilizaron las piedras calientes combinadas con plantas aromáticas para realizar saunas de alto poder terapéutico, la terapia geotermal aparece en la actualidad como un efectivo método para ayudar al organismo a eliminar toxinas, así como combatir el estrés y aliviar los dolores de espalda y los problemas circulatorios, entre otros beneficios.

ABSOLUTAMENTE RECOMENDABLE!!!!

Gema Salgado. Revista Cuerpomente

Atraída por esta sugerente propuesta, me acerqué al centro Bagua, de Barcelona, para ver exactamente en qué consistía esté tipo de masaje, y lo cierto es que todavía resultó mejor de lo que imaginaba.

El tratamiento comenzó con un baño de hidromasaje en elque la terapeuta que me atendió vertió aceites esenciales indicados para eliminar toxinas, y tras un breve test, en el que me preguntó por mi estado físico y emocional, incluyó esencias relajantes. Después de disfrutar del baño durante un cuarto de hora, me hizo pasar a una camilla para aplicarme lodos del Mar Muerto en los meridianos correspondientes a la vejiga y riñón, con el objeto de depurar al máximo mi organismo.

Tras esta sesión de limpieza, que acabo con una ducha de hidromasaje para eliminar el lodo, comenzaba el masaje geotermal. La terapeuta colocó diez piedras planas y perfectamente pulidas en la camilla, en la zona donde se asentaría mi columna vertebral. La mayoría eran piedras calientes (se calientan en una resistencia a 45-50ºC) y dos frías, salidas del congelador, a unos 4ºC, que la terapeuta situó bajo los omoplatos. Después de indicarme que me estirase sobre ellas, empezó a trabajar diferentes partes del cuerpo comenzando por los pies.Con aceites relajantes de aromaterapia masajeaba mínimamente el área que después trabajaría a fondo.

Puedo decir que era un absoluto placer sentir las piedras calientes resbalando por la planta de los pies; sentir cómo me colocaba pequeñas piedrecillas calientes y frías entre los dedos y como después subía desde las piernas hacia arriba, siguiendo los canales energéticos. En el interior de la pierna me daba calor (reconfortante); en el exterior, frío (estimulante) y luego frío en las dos caras (revitalizante).

Es preciso explicar que en este tipo de masaje, la presión que ejerce con las piedras es superior a la manual y que mientras las piedras calientes incrementan el riego sanguíneo y el metabolismo celular, las frías originan vasoconstricción y liberación de histamina, que actúa sobre el dolor y los procesos inflamatorios.

A medida que la terapeuta iba ascendiendo, mi cuerpo se iba relajando. El masaje, el calor de las piedras, el frío, oportuno y nada desagradable; la música de fondo, perfectamente pensada, la luz tenue e la sala u el aroma de las esencias, me conducían poco a poco ala serenidad y a olvidarme del mundo. En un momento del masaje, la terapeuta aplicó aceites de cromoterapia en los siete chakras para ayudar a armonizarlos y también recuerdo con especial cariño la sensación de plenitud que me dio el sentir dos grandes piedras calientes en mis manos, o la piedrecita que hábilmente fue a parar a mi tercer ojo. !Qué alivio!

Fue un tratamiento largo, e dos horas, realizado con absoluta dedicación, y desde luego, uno de los masajes más placenteros que he recibido hasta el momento. ¡Absolutamente recomendable!

Texto publicado en la revista
Revista Cuerpomente - junio 2002
Revista Cuerpomente - mayo 2004

 


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